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Mi hora del té en el Himalaya

by / 0 Comments / 1 View / febrero 11, 2018

Por: @JjYosh, experimentado alpinista, mochilero y organizador de viajes al aire libre.

Nepal es un país que toda mi vida soñé con visitar, siempre lo tuve en un lugar muy alto en mi lista de deseos. Durante años, imágenes de los Himalayas colgaron en mis paredes, éstas estaban tan arraigadas en mi subconsciente que parecían un recuerdo lejano de una vida pasada. Pero, hace un par de meses mi amiga e influencer Lauren Monitz, me ofreció llevarme como invitado si la ayudaba a ganarse el viaje a través de un concurso en las redes sociales que ofrecía Sherpa Adventure Gear y así lo hice, así que después de días de promoción, ¡ganamos! El premio era: un viaje con todo incluido a Nepal para recorrer las majestuosas montañas del Himalaya. ¡GUAUU!, el viaje sonó demasiado bueno para ser verdad. Honestamente, ni siquiera creí que sucediera hasta que finalmente recibimos nuestros boletos de avión.

Finalmente, Lauren y yo emprendimos nuestro viaje por el mundo hacia la tierra encantada de Nepal. Aterrizamos primero en Katmandú, y luego tomamos otro vuelo a Lukla, un pequeño pueblo ubicado en el Himalaya. Lukla fue el punto de partida para nuestro viaje, desde donde comenzamos a subir la cuesta a pie. En el Himalaya hay casas de té a lo largo de todo el camino, en donde proporcionan comida y alojamiento a los turistas. Aprendí bastante rápido qué tan importante es el té para la cultura del Himalaya, el clima cambia sobre la marcha y algunas veces la temperatura puede bajar bruscamente, por lo que es muy agradable tomar un poco de té caliente.

Tan pronto como llegamos al camino, entramos en un mundo completamente nuevo: conocimos los dzos (son híbridos de yak y vacas); el enorme tráfico que se genera con el transporte que ellos usan que son mulas nepalesas; vimos los antiguos puentes y conocimos turistas de todo el mundo. Era una visión extraordinaria. Nuestro primer destino fue Phakding, una pintoresca granja a lo largo del hermoso río Dudh Kosi. Allí nos recibieron con una colección de tés: de leche, jazmín, menta, jengibre, miel, limón, etc. Sin dudarlo, elegí el té de jengibre, mi nueva obsesión favorita. Después de calentarnos, nos acomodamos para pasar la noche y prepararnos mentalmente para los días venideros.

El segundo día estuvimos en un sitio mucho más elevado que el anterior. Partimos hacia Namche Bazarr, un famoso lugar donde los turistas puedan abastecerse de productos modernos. En el camino, presenciamos nuestra primera visión del Monte Everest, un espectáculo sin igual. La ciudad de Namche es un libro de cuentos de hadas, una ciudad que está literalmente grabada en el costado de una montaña, con cada calle un escalón más arriba en la ladera. Me sorprendieron los dzos vagando solos, las gallinas corriendo y los mercaderes a lo largo de las calles. Encontré un lugar con una gran vista para pasar la noche.

Para el tercer día ya estaba totalmente adaptado a la Aventura: desperté con un hermoso amanecer, desayunamos, empacamos la carpa y emprendimos nuestra vía por el sendero. Cada día la elevación aumentaba y la temperatura disminuía. Para el cuarto día escalamos hacia uno de los picos que mostraba todo el valle de Khumde. Tuve la oportunidad de admirar vistas épicas del Everest, Lhotse, Ama Dablam y otros picos de veinte mil pies; no importa cuántas fotos y videos del Everest haya visto, nada se compara con lo real, es magistral. Me sentí feliz de estar tan arriba y tan cerca de los sueños de mi infancia, de escalar estas colosales bestias de montaña.

Una vez que el té estuvo listo, encontré una roca perfecta para sentarme a aprovechar mi experiencia al máximo admirando el maravilloso paisaje. Cabe destacar que este té era un elixir para mi cuerpo, calmó el malestar de toda la caminata que había hecho hasta ahora. Debo haber pasado horas en esa roca, sumergiéndome en las vistas de las altas montañas. Fue literalmente el “clímax” de mi viaje: admirar tanta belleza. Cuando ya venía de regreso a casa, no podía dejar de pensar en que nunca olvidaré mi hora del té en el Himalaya.

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