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VINOS Y CAMINOS EN CALIFORNIA

by / 0 Comments / 10 View / junio 16, 2018

Hay viajes que deberían ser considerados básicos para cualquiera que le guste acumular kilómetros de anécdotas. Uno de los que tenía pendiente de hacer desde hace algún tiempo era recorrer la costa de California hacia el norte e ir parando en viñedos, tiendas locales, pueblos y lugares que suelen estar fuera de las guías turísticas tradicionales. Así que volé a San Francisco, cargué fuerzas en Copita Tequilería en Sausalito y me arranqué por la 101 Norte para tomarme en un roadtrip lo que pudiera de estas tierras.

Tras la devastación de los incendios de octubre del año pasado no sabía qué me iba a encontrar. Imaginé lo peor conforme pasaron los días y las noticias me llegaban de varias voces. Pero Sonoma County está de pie con una grandeza no sólo escénica, sino una lección de que hay más en la unión que en el miedo. Mi primera parada: The Girl & The Fig, una de las razones emocionales para volver después de algunos años y volver a abrazar a Sondra Bernstein, socia del lugar y una de las mejores representantes de la comunidad de Sonoma.

Sondra y su socio John Toulze han abierto un Tasting Room con la misión de recorrer los vinos Rhône de The Girl and the Fig, pero también, aquellas colaboraciones y vinos de dicha variedad que destacan entre los productores locales. Y no es nada más probar vinos. Es hacer un recorrido sobre las emociones de quienes han construido amistades y vínculos que se traducen en un lounge que te hace sentir en casa. 9 vinos después -o, al menos, 9 pruebas después porque no olvido que vengo manejando-, tomo camino hacia Santa Rosa, donde un Bed & Breakfast que parece salido del cine romántico de los 50’s me espera para pasar la noche: The Gables Wine Country Inn. Créanme cuando les digo que cualquier escapada al valle de Sonoma tendría que incluir una estancia en este edificio histórico que te tienta a sólo quedarte ahí, sin necesidad de salir a ningún otro lugar.

Pero esa no era la idea de este viaje, así que amanecí y me arranqué hacia Robledo Family Winery, un ejemplo de la tenacidad y el trabajo, de la disciplina y las recompensas que se pueden dar. Propiedad del primer mexicano dueño de un viñedo en California -y que ahora tiene 500 acres de uvas- y reconocido como uno de los grandes influyentes de la cultura hispana en este país; Don Reynaldo Robledo ha creado vinos con historias propias que deben contarse a cuanto viajero se anime a cruzar la entrada. Pinot, Cabernet, Sauvignon Blanc y Merlot, además de una reserva de la familia, envolvieron el paladar con vinos de carácter en los que se sienten los 50 años detrás de su llegada, mismos que ha pasado en el campo aprendiendo lo suficiente sobre vinos como para convertirse en profesor de UC Davis y asesor en viñedos de Francia para el injerto de las uvas. Don Reynaldo, que en México terminó hasta el 3er año de primaria, hoy es quizá una de las autoridades indiscutibles en materia de raíces, injertos y uvas en toda la región. ¿Cómo? Porque la sabiduría se alcanza en el campo sin dejar nunca de ver la salida del sol entre las vides.

De Robledo me tocó manejar un poco más de tiempo para llegar a Healdsburg, donde Sutro Wines descorcha botellas de vino limitado de Cabernet Sauvignon y Merlot, con una producción de vides viejas que da apenas 2 toneladas de uva por acre, lo que hace que el vino sea robusto y francamente espectacular. Así, el otro lado de la moneda en California.

El itinerario pasó por Geyserville, Bodega, Petaluma, Napa y San Francisco. Y al cruzar el Golden Gate de regreso rumbo al aeropuerto me llegó un mensaje de un amigo sobre su próximo viaje durante la vendimia a casi los mismos lugares donde estuve. Sonreí al dejar el coche y tomar el shuttle hacia la terminal porque sí, la vendimia es un gran momento para venir, pero la grandeza de las tierras vinícolas de California está ahí para ser disfrutada en cualquier fecha del año.

Para mayor información visite: www.sonomacounty.com y www.visitcalifornia.com

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