Por Diego Ontañón
Si están viajando por el sur de Italia y tienen la oportunidad de pasar por Padula, en la región de Campania, mi recomendación es que le dediquen por lo menos un día completo. Yo ya tuve la oportunidad de visitarla y, aunque evidentemente la famosa Certosa di San Lorenzo es el gran atractivo, les diría que no se queden solamente con ella.
Yo comenzaría temprano precisamente por la Certosa di San Lorenzo, uno de los complejos monásticos más grandes de Europa y Patrimonio Mundial de la UNESCO. Es realmente impresionante por sus dimensiones y vale la pena recorrerla sin prisas. El enorme claustro, la iglesia, el refectorio, la cocina, la escalera helicoidal y los diferentes patios permiten imaginar perfectamente cómo era la vida de los cartujos. Calculen unas dos horas para disfrutarla bien.
Después subiría hacia el centro histórico de Padula. No es un pueblo excesivamente turístico y precisamente ahí está parte de su encanto. Sus calles estrechas, las casas antiguas y las vistas sobre el Vallo di Diano hacen agradable simplemente caminar un rato y buscar algún restaurante sencillo para comer comida típica de la zona.
Pero hay un lugar al que personalmente recomiendo dedicar especial atención: la Casa Museo Joe Petrosino.
Confieso que fue una de las visitas que más me interesaron de Padula. Petrosino nació aquí en 1860 y emigró con su familia a Estados Unidos cuando tenía 13 años. Terminó convirtiéndose en policía de Nueva York y fue uno de los grandes pioneros en la lucha contra el crimen organizado italiano en Estados Unidos. Regresó posteriormente a Italia investigando las conexiones entre la mafia siciliana y la estadounidense y fue asesinado en Palermo en 1909.
El museo está instalado precisamente en la casa donde nació, en Via Giuseppe Petrosino 6. No esperen un gran museo tradicional; lo interesante es justamente lo contrario: entrar en un espacio pequeño y personal relacionado directamente con su historia. De hecho, es la única casa-museo de Italia dedicada a un representante de las fuerzas del orden y todavía se puede ver la mesa puesta donde Petrosino cenó con su madre antes de salir a Palermo de encontrarse con la muerte.
Yo dedicaría tranquilamente una hora a esta visita. Para quien tenga interés por la historia de la emigración italiana a Estados Unidos, Nueva York, la mafia y los comienzos de la lucha contra el crimen organizado, me parece imprescindible. Después aprovecharía el resto de la tarde para seguir caminando por Padula, tomar un café y disfrutar del pueblo sin querer llenar el día de demasiadas visitas.
Y a la hora de comer a mí me encantó La Locanda dei Trecento, un lugar sencillo pero con una comida muy casera y deliciosa acompañada de un vino tinto de la región.
¿Dónde dormir? Si quieren quedarse una noche, mi elección sería Villa Cosilinum, en pleno Padula. Es un hotel pequeño, con personalidad y mucho más acorde con el ambiente del pueblo que un alojamiento moderno y anónimo. Me parece una muy buena opción para cerrar tranquilamente el día.
En resumen, Padula merece mucho más que una parada rápida para fotografiar la Certosa. La combinación de la monumentalidad de San Lorenzo, el pequeño centro histórico y la historia de Joe Petrosino, hace que sea una visita de un día muy completa y diferente.
“Padula ti aspetta… a presto!”







