Por: Carlos Dragonné
Ha habido gente que me pregunta, con auténtica duda, ¿Cómo le haces para no aburrirte de ir a Las Vegas? y, antes de que puedan contestar de manera automática con un “es imposible aburrirse en la ciudad de la fiesta”, tengo que recordarles un par de datos. No me gusta la vida nocturna, no me gusta apostar y no bebo alcohol más que en catas y degustaciones. Entonces, entenderán que la pregunta tiene cierto sustento cuando hablamos de la ciudad del pecado. Sin embargo, la respuesta, para mí, es bastante sencilla. Las Vegas es una ciudad que cambia tanto en tan poco tiempo que es imposible llenarse de ella. Sí… hay grandes destinos en todo el mundo a los que regreso e, incluso, ciudades a las que me mudaría a vivir en dos segundos si se diera la oportunidad, pero Las Vegas, tiene un encanto único para visitar como turista si podemos mirar más allá de la fiesta inacabable. Y hoy, en estas páginas, les voy a compartir algunas de las razones por las que cada vez que pasa demasiado tiempo sin aterrizar en McCarran International, siento que hay algo que empieza a hacer falta.
Viajar se trata de observar, de ver a la gente e, incluso, intentar entender o imaginar las historias que nos pasan junto en cada calle. Las Vegas es la única ciudad del mundo que conozco en donde la gente se deshace de las máscaras cotidianas y se presenta como es en realidad. Por supuesto, como en cualquier lugar del mundo donde eso pudiera suceder, habrá rostros que no nos gusten, pero la gran mayoría de quienes caminan por Las Vegas Boulevard están en busca de algo que todos queremos: la felicidad, el éxtasis, la libertad. Y es ahí donde Las Vegas tiene su primer punto a favor, pues una noche cualquiera puede convertirse en amistades esporádicas y diversión con completos extraños que habrán de guardarse en las mejores anécdotas de viajes que recordar conforme pasan los años. El único lugar donde he sido testigo de una boda, por ejemplo, es en esta ciudad, en la que me detuve a fotografiar una ceremonia oficiada en la banqueta, con las fuentes del Bellagio de telón de fondo, y terminé brindando con los novios y sus amigos cercanos. Así que vayan, busquen las miradas de quienes se encuentren, hablen, rompan las barreras y atraviesen las fronteras que nos creamos erróneamente… quién sabe si su próximo gran amigo está esperándolos en medio de las luces que nunca se agotan.
Viajar también se trata de experimentar cosas nuevas que no están en ningún otro lugar. Por ello salimos de nuestra zona de confort y nos aventuramos a otros destinos. ¿Qué puede tener Las Vegas que cumpla estas expectativas? No son los antros ni los restaurantes -aunque hablaremos de ellos como una tercera razón en un momento más-, sino las muestras de una subcultura que sólo vive aquí y que está creada para esta ciudad: los shows. Las Vegas es el hogar absoluto del vodevil. Ya sea que estén detrás del auténtico show que represente los orígenes del escape al espectáculo o que, como las generaciones que vieron trascender la ciudad de un escenario oscuro al ejemplo de la explotación de las emociones turísticas mundiales, siempre hay algo para disfrutar en los tablones de los múltiples teatros que hay en los hoteles. Desde el homenaje más absoluto al circo tradicional de vodevil hasta la estética insuperable de la elegancia acrobática, la gran mayoría de los espectáculos de esta ciudad sólo podrían vivir aquí, pues su salida de esta urbe sin máscaras los condenaría al fracaso rotundo.
Viajar es, por supuesto, probar. Y Las Vegas se adaptó de manera magistral al cambio de paradigma de hace unas décadas. Por muchos años, ésta fue la capital del juego. Sin embargo, hoy prácticamente en todos los estados de la Unión Americana, hay un casino en 10 millas a la redonda de cualquier ciudad principal en la que te pares. ¿Qué tuvieron que hacer los grandes resorts que antes dependían de los jugadores compulsivos para mantenerse como un foco que atrae anualmente a más de 40 millones de visitantes? Elevaron la oferta culinaria. Desde la llegada de los primeros grandes chefs, encabezados hace unos años por Wolfgang Puck, Emeril Lagasse y Kerry Simon, hoy la lista es casi interminable y siempre hay una nueva propuesta gastronómica que descubrir. Y no sólo hablamos de lugares dentro de los resorts y catalogados siempre en las mejores y más importantes listas culinarias del mundo, sino de pequeños rincones que están más allá de la famosa Strip. Porque sí, lo que se puede vivir lejos de Las Vegas Boulevard es, también, una de las razones por las que sigo regresando y, por lo tanto, el cuarto secreto que les comparto en este texto.
Las Vegas es más que lo que sucede entre el Mandalay Bay y el Encore. Vaya… incluso es mucho más de lo que existe si extendemos nuestra medición hasta el Stratosphere, icónico edificio monumental que se erige como el vigilante de la ciudad desde sus más de 350 metros de altura. Downtown Vegas ofrece una enorme variedad de actividades, restaurantes, exhibiciones y museos. Más allá de albergar ese Vegas clásico lleno de luces y neones que vimos en infinidad de películas, lo que tenemos es toda la zona donde los locales hacen su vida y redefinen no sólo el entretenimiento sino la reinvención también de grandes clásicos. No todo sucede en las fuentes del Bellagio y, por ello, es básico tomar un día un auto y recorrer lo que se oculta si vamos hacia North Las Vegas y encontramos el espíritu de una ciudad que se niega a ser definido de manera tan tajante por apenas unas cuadras. Al sur, sin embargo, podemos llegar a extraordinarias propiedades en medio del desierto para descubrir que, increíblemente, Las Vegas también puede ser un lugar de relajación y descanso en el que no habíamos pensado.
Viajar es conocer. Y deshojar la margarita de las ciudades que visitamos para intentar absorber todo lo que podamos. Viajar nunca debe aburrirnos. Porque aburrirnos de un destino es la primera y última señal que debemos atender para entender que no debemos volver más. Ese es, justamente, el problema o, visto desde mi perspectiva, la fortuna de esta ciudad: es imposible descubrirla en su totalidad porque su ritmo cambiante y su vorágine de reinvención es tal que cada vez que llego y camino un poco por ella, parece que estoy descubriendo un nuevo destino.
Los imperdibles para comer:
1. Nobu – Caesars Palace
2. Yardbird Southern Table –
The Venetian
3. Joël Robuchon – MGM Grand
4. Prime Steakhouse – Bellagio
5. Momofuku – The Cosmopolitan
Los imperdibles para ver:
1. Absinthe – Caesars Palace
2. LOVE by Cirque du Soleil –
The Mirage
3. O – Bellagio
4. Baz – The Venetian
5. Blue Man Group – Luxor
Los imperdibles
fuera del Strip:
1. La Comida – 6th Street
2. The Mob Museum – Stewart Ave.
3. M Resort – Henderson.
4. Fremont Experience – Fremont St.
5. Hoover Dam – Boulder City







