Por Luz Elena Cruz
Muy pocos le dicen por su nombre completo, es mejor decirle Chichi, que Santo Tomás Chichicastenango, municipio del departamento de Quiché en el sur de Guatemala, muy conocido por su mercado, uno de los más famosos del mundo.
Decir que Chichi es sólo un centro de comercio (ha existido desde los tiempos precolombinos) sería quedarnos cortos, también es un lugar como pocos donde las tradiciones y la fe religiosa son parte primordial del día a día de sus habitantes. Chichi es una muestra del sincretismo entre la fé católica y las creencias ancestrales mayas, que comunmente se practican en la escalinata de la iglesia de Santo Tomás (18 escalones que representan los 18 meses del calendario maya), entre humo de incienso, fieles, chamanes, vendedores y flores.
Entrando a la iglesia de Santo Tomás, podrán ver por el pasillo de la nave principal varias tarimas o piedras, que parecen ser pequeños altares con velas dedicados para las prácticas religiosas de los nativos mayas. Cuando se decidan a salir del templo, vayan hacia la puerta derecha que da al patio dominico donde se encontró la versión más antigua del Popol Vuh, el más importante de los textos mayas, de incalculable valor histórico.
En Chichi también podrán ver a casi todos los hombres y mujeres vistiendo sus trajes típicos; no importa la edad o a lo que se dediquen, su forma de vestir sigue en su vida diaria.
JUEVES Y DOMINGO,
DÍAS DE MERCADO
Entre las calles y la plaza, los colores se desbordan. Chichi se llena de puestos de comercio por todas partes, en su mayoría se venden textiles y cerámicas hechos a mano que van desde máscaras, mantas y manteles, hasta ropa, bolsas y quizás algo que nunca nos hubieramos imaginado. La creatividad no tiene límites, el regateo tampoco, es algo casi obligado entre vendedores y compradores.
Aunque los turistas son los que abarrotan los puestos de las calles principales, si caminan un poco más hacia el exterior, podrán ver a la gente local haciendo sus compras habituales de frutas, verduras y aves de corral, así como lo han hecho desde hace mucho, desde siempre, antes de que los españoles llegaran a Q’umarkaj, la capital del reino de los mayas quiché.







