Por Luz Elena Cruz
Parecía una noche de septiembre como tantas otras, pero llegada la madrugada, el pueblo de Dolores se cimbró con el grito del cura local Miguel Hidalgo y Costilla llamando a la gente a tomar las armas para luchar por la Independencia de México.
Aquí inició uno de los cambios más trascendentales en la historia de nuestro país y es por eso que desde 1948, durante el régimen del Lic. Miguel Alemán Valdés, el H. Congreso de la Unión decretó que esta población del estado de Guanajuato se le designara el nombre de Dolores Hidalgo, Cuna de la Independencia Nacional.
Pueblo Mágico desde 2002, sus calles y edificios nos dan una buena lección de historia, tradición y cultura. Imposible dejar de visitar la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, en donde Hidalgo oficiaba misa y que destaca desde lejos por su fachada de cantera rosa. Tómense un tiempo para detenerse en el atrio e imaginen esa madrugada del 16 de septiembre cuando se dio el famoso Grito de Dolores.
Leyendas y anécdotas rondan por la Hacienda de La Erre, en donde Miguel Hidalgo formó a los primeros oficiales del Ejército Insurgente y salió rumbo a Atotonilco después de haber comido en la sala de la finca, según dice una placa que se ve en la fachada.
Siguiendo con el tema de la Independencia de México, la Casa de Don Miguel Hidalgo y Costilla es otra visita a considerar. Una construcción colonial que se conocía como la Casa del Diezmo cuando el cura Hidalgo la habitaba y que ha pasado por épocas no muy buenas, ya que fue saqueada y hasta convertida en cuartel. Actualmente es un museo en el que podemos ver algunos objetos y muebles de siglos pasados.
Con siete salas para recorrer, lo que hoy es el Museo de la Independencia originalmente fue la primera cárcel de la entonces llamada Congregación de Nuestra Señora de los Dolores. Aquí llegó Hidalgo a liberar a los presos para que se unieran a su causa.
Aunque es inevitable pensar en Dolores Hidalgo sin relacionarla con los hechos de la Independencia de México, la realidad es que tiene más lugares para visitar; entre ellos tenemos a la llamada Casa de Visitas, una bella casona de estilo barroco de finales del siglo XVIII. Para quienes les gusta la arquitectura religiosa vayan al templo de la Tercera Orden, la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y el templo de Nuestra Señora de la Soledad.
Para seguir alimentando nuestro espíritu mexicano, no puede faltar la visita al Museo Casa y al mausoleo de José Alfredo Jiménez en donde se lee el epitafio:La vida no vale nada.
La visita no puede terminar sin comprar alguna artesanía tipo talavera, que no está por demás decir que son de magnífica calidad, y probar todos los helados que puedan, ya que sus sabores difícilmente los encontrarán en otro lugar; el reto es elegir entre el helado de tequila y pulque o el de camarón o mole, pero siempre teniendo en la mente y en el corazón ¡Viva México!






