Este 20 de marzo a las 4:30, cambiamos de estación. En el hemisferio norte, del invierno se pasa a la primavera, mientras que en el sur pasa del verano al otoño. A este fenómeno se le llama equinoccio y sólo ocurre en marzo y en septiembre, cuando los días duran igual que las noches en todos los lugares de la tierra, excepto en el Polo Norte y Sur.
Un acontecimiento así merece festejarlo en Yucatán, uno de los estados en que este fenómeno se manifiesta extraordinariamente en dos de sus zonas arqueológicas: Dzibilchaltún y Chichén Itzá.
Dzibilchaltún
Este gran centro urbano maya destaca por sus estructuras del Palacio, la Capilla Abierta, el Templo del Pedestal y el Templo de las Siete Muñecas, en donde su puerta se ilumina con el resplandor del sol por sólo unos minutos cuando queda en el centro de la misma. Esto sucede durante el equinoccio, creando un gran espectáculo de luz y sombra en el lado poniente.
El nombre del templo se debe a que en el interior del edificio se encontraron siete muñecas de barro, mismas que se encuentran en el museo de sitio.
Chichén Itzá
Quizás de los lugares en donde más se vive el equinoccio, por el fenómeno que ocurre en la escalera norte de la pirámide conocida como el Castillo.
Cuando el sol proyecta sus rayos sobre el Castillo, se forman triángulos de luz y sombra que parece que dan vida al cuerpo de la serpiente que rematan en una gran cabeza. Es un momento mágico cuando la serpiente de Kukulcán desciende por las escaleras del templo a la tierra.
Muchos son los visitantes que acuden a estos lugares para llenarse de energía, pero más allá del mito, el espectáculo que se vive es único. ¡Vamos a Yucatán!
La leyenda de Kukulkán, en Chichén Itzá
Los antiguos mayas llamaban Kukulkán a la figura indígena de la serpiente emplumada, y según cuentan, cuando se despidió de los hombres, lo hizo con la promesa de volver, y así lo ha hecho en forma de luz durante cada equinoccio en los meses de marzo y de septiembre.
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