Antes de llegar a San Miguel el Grande, —ciudad natal de Ignacio Allende, y la que posteriormente llevaría su nombre—, el cura Miguel Hidalgo y Costilla acompañado por el ejército insurgente, pasó por el Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco, Guanajuato, y tomó como estandarte una pintura de la Virgen de Guadalupe, para enarbolarlo como bandera en su lucha por la independencia de México.
Además de ser protagonista de este hecho histórico, es un templo barroco bellísimo que no pasa desapercibido para nadie; la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad en el año 2008,aseverando que “su arquitectura y decoración testimonia la influencia de la doctrina de San Ignacio de Loyola”.
Ya sea por su historia, arquitectura o quizás en busca de la paz espiritual, miles de personas de diferentes partes del mundo visitan la llamada Capilla Sixtina de América, por su recargada decoración repleta de frescos, esculturas, retratos y otras obras de arte.
EL INICIO DE UN SUEÑO
El sacerdote Luis Felipe Neri de Alfaro tenía la idea de construir una iglesia lo más parecida posible a la del Santo Sepulcro de Jerusalén, y así fue que se empezó a edificar este templo bajo su supervisión en el año 1740. Ya para 1776 estaba terminado el santuario y sus capillas, pero desafortunadamente el padre Alfaro no pudo ver la obra completa.
UN TESORO DETRÁS DE GRUESOS MUROS
Son aproximadamente 14 kilómetros los que hay que atravesar desde San Miguel Allende, en Guanajuato, para llegar al pequeño poblado de Atotonilco, en donde sobresale una gran estructura de aspecto austero con muros lisos muy altos, rematados por una arcada invertida. También se pueden ver cúpulas, almenas y una torre con reloj.
El interior es toda una sorpresa; no hay centímetro de muros, bóvedas y cúpulas que no estén decorados o pintados delicadamente de imágenes que representan ciudades medievales, o pasajes de la vida de Jesucristo y sus apóstoles. La mayoría de la obra se le atribuye a Antonio Martínez de Pocasangre, de quien se dice pintó durante 30 años, y algunas otras a José María Barajas. Las capillas están decoradas con cuadros de Juan Rodríguez Juárez.
Aún observando detalladamente, es difícil tratar de descifrar las historias que cuenta cada muro o bóveda, y devorar con la mirada todo el esplendor que encierran cada una de sus capillas. El descubrimiento de la belleza del barroco mexicano, entremezclado con arte indígena, es un motivo más para sentirnos orgullosos de nuestro país.







