Al terminar la lucha armada por la Independencia de México, varias poblaciones fueron abandonadas, convirtiéndose en pueblos fantasmas a pesar de la riqueza que poseían; una de ellas fue Real del Monte o Mineral del Monte, nombre que adoptó en su fundación, pero que cambió por Real durante la Colonia porque así se nombraba a todo lo que se encontraba dominado por la corona española, en especial los centros mineros.
A fin de rehabilitar las minas de Real del Monte, se solicitaron inversionistas para trabajar y darle una nueva vida a esta población del Estado de Hidalgo. Fue así que llegaron ingleses a invertir, los cuales dejaron su huella no solo en la fisonomía del pueblo, también en su cultura y tradiciones que se han sabido entremezclar armoniosamente con la mexicana brindándole un sello especial a este Pueblo Mágico.
Para disfrutar Real del Monte hay que ir con tiempo suficiente para caminar por largas calles empedradas, así como el subir y bajar por escalinatas envueltas en una ligera niebla. La herencia inglesa es notoria en las casas con techos inclinados de tejados rojos y jardines bien cuidados. Una constancia muy clara es el Panteón Inglés, también conocido como el Cornish Cemetery en lo alto de la cima de una colina. Algo distintivo es que todas las tumbas miran hacia Inglaterra, excepto una que según cuentan las leyendas perteneció a un payaso muy famoso de aquel tiempo que pidió que su tumba no estuviera orientada hacia su país.
Con paso lento y disfrutando del entorno podrás llegar sin ningún problema a la Plaza Juárez y ver el Monumento al Minero como uno de los distintivos del lugar, al igual que la fuente de hierro fundido que fue traída de Inglaterra en 1885. La herencia minera también se ve reflejada en el Santuario del Señor de Zelontla con su Cristo vestido de minero.
La arquitectura de Real del Monte fue muy alabada por su belleza y elegancia, cualidades que todavía conserva, basta ver la Casa del Conde de Regla de arquitectura virreinal, la Casa Grande y la Presidencia Municipal, un buen ejemplo de arquitectura porfirista. Las casas de la población, en general son de un solo piso, excepto las cercanas al centro, y si observan bien, casi todas tienen chimenea.
La visita no puede estar completa sin ir a la antigua Mina de Acosta, la que actualmente es un Museo de Sitio. Sus inicios se remontan al año de 1727, hasta que dejó de trabajar en 1985. El museo te lleva a un paseo por el pasado al mostrar antiguas instalaciones, maquinaria, así como el testimonio de todas las etapas.
Quien visita Real del Monte no se pierde de comer los típicos pastes, una especie de empanada que era la comida usual de los mineros. Aunque ya se pueden encontrar de varios ingredientes, si quieres probar la original, entonces elige la de carne con papa y frijol.
Real del Monte tiene bien ganada su denominación como uno de los Pueblos Mágicos de México, nombramiento que le fue otorgado por su riqueza cultural y patrimonio. Se encuentra a menos de 30 kilómetros de la ciudad de Pachuca, Hidalgo, una muy buena opción para conocer en los paseos por México.







