Por: Luz Elena Cruz Velasco
Cuatro siglos estuvieron ocultos bajo los cimientos de la ciudad capital de México. Tras la conquista de la gran Tenochtitlán, grandes construcciones virreinales se edificaron sobre las ruinas de lo que fue el mayor lugar sagrado de los mexicas: el Templo Mayor, el centro del universo.
Los mexicas concebían el centro del universo como un espacio sagrado que no podía ser cambiado de lugar, pero sí lo podían agrandar, para hacerlo superponían sobre el edificio que habían construido, uno nuevo con las mismas características, dejando al anterior intacto, como si fuera una especie de envoltura. Así lo hicieron en siete ocasiones, según puede observarse en el edificio dedicado a Huitzilopochtli.
A finales del siglo XIX se descubrieron algunos restos de lo que fue el Templo Mayor, hasta que en 1978, algunos obreros de la Compañía de Luz y Fuerza, localizaron casualmente la escultura de Coyolxauhqui, —el monolito circular de la diosa lunar— lo cual marcó un hito en lo que se refiere a la cultura mexica. Gracias a ello se impulsaron los trabajos de exploración del edificio principal, encontrándose grandes hallazgos.
En la zona arqueológica del Templo Mayor claramente predomina el edificio religioso dedicado a Huitzilopochtli, dios solar de la guerra, y a Tláloc, el dios de la lluvia, pero también se encuentran otras construcciones de gran valor, entre ellas destaca un Altar Tzompantli y un templo dedicados al dios Xochipilli; la Casa de las Águilas, el Cuauhxicalco y el monolito de la diosa de la tierra, Tlaltecuhtli.
Gracias a estas excavaciones que iniciaron en 1978, se pudieron rescatar más de 7 mil objetos, muchos de los cuales se pueden admirar en el Museo del Templo Mayor, aledaño a la zona arqueológica.
ÚLTIMOS HALLAZGOS
Las sorpresas siguen, expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrieron en el sitio los restos del Templo dedicado a Ehécatl, el dios del viento en la Gran Tenochtitlan, de más de 30 metros de longitud, así como parte de una cancha de un juego de pelota, en la que según se dice en crónicas antiguas, fue donde jugaba Moctezuma.
En 1991 se creó el Programa de Arqueología Urbana (PAU) el cual estudia los siete siglos de historia en el área en que alguna vez estuvo el Recinto Sagrado mexica. PAU ha realizado excavaciones en varios inmuebles y predios en pleno corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, para así rescatar y proteger el legado de la antigua México-Tenochtitlan.
La zona arqueológica y el Museo del Templo Mayor, son lugares sorprendentes que deben incluirse en una visita a la Ciudad de México.







