Una ciudad impregnada de historia que se siente por sus viejas calles y un Berlín monumental con una moderna arquitectura que dice mucho de la transición por la que ha pasado. Muchos acontecimientos políticos han dejado su huella en esa galería de muestras que se ven por todas partes, incluyendo su centro artístico con cinco museos reunidos en una isla que se hicieron por el ideal del rey Federico Guillermo IV de Prusia en 1841.
La Isla de los Museos es Patrimonio de la Humanidad y uno de los lugares a conocer en Berlín. Los edificios y las obras de arte que resguarda, nos dan una vuelta por la historia del mundo en diferentes épocas y nos hablan de un Berlín que gusta de la cultura.
El edificio del Museo Antiguo (Altes Museum), es el primero que se hizo como museo público en 1830, donde Federico Guillermo III (padre de Federico Guillermo IV) puso al alcance del pueblo el arte en bronce del Antikensammlung (Antigüedades Collection) prusianas. Una magnífica construcción del arquitecto Karl-Friedrich Schinkel, con cúpula, rotonda y mármol rojo. Vale la pena visitar la zona del Arte Etrusco y Romano.
La Antigua Galería Nacional (Alte Nationalgalerie) exhibe obras de los impresionistas Degas, Cézanne y Rodin, pero también de los pintores alemanes Max Liebermann, Karl Friedrich Schinkel y Caspar David Friedrich. Este edificio fue construido de 1867 a 1876, por el arquitecto Friedrich August Stüler quien se inspiró en el Acrópolis de Atenas. La construcción fue restaurada por los daños que sufrió durante la Segunda Guerra Mundial.
Más de un millón de visitantes al año quieren ver edificios como el Museo de Pérgamo (Pergamonmuseum) que fueron reconstruidos en partes que tomaron de las excavaciones como el altar de Pérgamo, un templo griego del año 180 a.de C. descubierto en lo que hoy es Turquía. Por el momento, la sala se encuentra en trabajos de restauración, pero sí hay acceso en donde está la Puerta de Ishtar de Babilonia, la Puerta del mercado de Mileto y el Museo de Arte Islámico.
En el extremo de la isla resalta la cúpula del Museo Bode (Bode-Museum), antes conocido como Kaiser Friedrich Museum. Casi fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial y su restauración duró por lo menos diez años, así que más vale tomarse tiempo para recorrer sus más de 64 salas y ver las esculturas de Italia, Alemania y del Museo de Arte Bizantino.
El Museo Nuevo (Neus Museum) tiene la magia de envolverte en un mar de acontecimientos de diferentes épocas y países. Después de la Segunda Guerra Mundial quedó en un estado lamentable, pero el arquitecto David Chipperfield se encargó de rediseñarlo integrando algunas de las zonas bombardeadas, con elementos modernos. Casi sin sentirlo te irás adentrando por el Museo de Prehistoria y Protohistoria, el Museo Egipcio, hasta llegar a una larga fila donde se encuentra la gran reina Nefertiti con su eterna belleza. De verdad, vale la pena la visitarlo.







