Por Diego Ontañón
Sin lugar a dudas ¡un lugar con mucho encanto! Estuve en Loveland, Colorado, buscando un destino tranquilo con buena naturaleza, comida interesante y fácil acceso a las Montañas Rocosas. Después de pasar un par de días ahí, puedo decir que es una excelente opción si quieres evitar ciudades más saturadas, pero sin renunciar a buenos servicios y actividades al aire libre.
Loveland es una ciudad ordenada, limpia y fácil de recorrer. Comencé explorando el Downtown Historic District, que es compacto y se puede caminar sin problema. No es un centro enorme, pero tiene suficiente movimiento, restaurantes y tiendas locales para pasar una mañana agradable. Algo que distingue mucho a la ciudad es su enfoque en el arte, especialmente en esculturas. Se nota tanto en parques como en espacios públicos.
Uno de los lugares que más recomiendo es el Benson Sculpture Garden. Es un parque amplio, bien cuidado, con esculturas monumentales al aire libre. No necesitas más de una hora u hora y media para recorrerlo con calma, pero vale la pena hacerlo sin prisa. Es un buen plan para empezar el día o para una caminata ligera por la tarde.
Para desayunar o hacer brunch fui a Taste Local, una muy buena elección si buscas comida bien preparada, porciones generosas y ambiente relajado. También encontré varias cafeterías independientes en el centro que funcionan perfecto para hacer una pausa rápida. En general, la oferta gastronómica en el área central es variada y de buena calidad para el tamaño de la ciudad.
En cuanto a actividades al aire libre, Loveland tiene una gran ventaja: está rodeado de espacios naturales. A pocos minutos manejando llegué a Devil’s Backbone Open Space, un área con senderos bien señalizados y formaciones rocosas llamativas. No es una caminata complicada, pero sí ofrece buenas vistas y suficiente actividad para pasar un par de horas. Recomiendo llevar agua y calzado cómodo, ya que el terreno es irregular en algunas partes.
Al día siguiente aproveché la cercanía con el Rocky Mountain National Park, que está aproximadamente a una hora. Salí temprano para evitar tráfico y fue una excelente decisión. El parque ofrece paisajes mucho más espectaculares: lagos de montaña, rutas panorámicas y senderos de distintos niveles. Si visitas Loveland, definitivamente vale la pena dedicar al menos medio día o un día completo al parque.
En el tema de comida para la noche, probé Loveland Chophouse, que es buena opción si buscas algo más formal, especialmente cortes de carne y una carta de vinos sólida. El ambiente es tranquilo y adecuado tanto para una cena en pareja como para una reunión más relajada. También exploré la parte de bebidas locales en Loveland Aleworks, y las cervezas artesanales hechas en la zona. El lugar tiene un ambiente informal y suele ser punto de reunión tanto para locales como para visitantes.
Otro espacio interesante son las Promenade Shops at Centerra, un área comercial al aire libre que combina tiendas, restaurantes y espacios para caminar. Es una buena opción si quieres algo más urbano sin salir de la ciudad.
En resumen, Loveland me pareció un destino práctico y equilibrado. No es una ciudad de grandes atracciones turísticas, pero precisamente ahí está su atractivo: es manejable, tranquila y muy bien ubicada para explorar naturaleza de primer nivel. Recomiendo visitarla si buscas combinar caminatas, buena comida y un ambiente relajado, sin las multitudes de otros destinos más conocidos de Colorado.
Y haciendo honor al nombre… ¡es un lugar encantador para disfrutar en pareja!







