Por Luz Elena Cruz
En México el Día de Muertos o Día de los Fieles Difuntos adquiere un significado especial, diferente a otros países. Es algo más que la veneración de los muertos.
La festividad mexicana ha sido declarada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. De origen prehispánico, hay registros de celebraciones en las culturas mesoamericanas que consideraban a la muerte como un paso a seguir hacia una nueva vida. Sostenían que con los vientos del norte, llegaban los espíritus de sus muertos a visitarlos, es por eso que para recibirlos se organizaban fiestas en su honor.
Originalmente, en el calendario Azteca, esta festividad se hacía a finales de julio y principios de agosto, pero cuando llegaron los españoles, trajeron sus creencias de la vida y la muerte. Los sacerdotes españoles, en un esfuerzo por transformar esto, movieron las fechas para que coincidiera con las fiestas católicas de Todos los Santos y Día de los Fieles Difuntos, el 1 y 2 de noviembre. El resultado de la celebración actual es una mezcla de tradiciones católicas con prehispánicas.
El primero de noviembre se venera a los “angelitos”, los que murieron siendo niños y el día dos a los finados adultos.
Aunque ningún lugar de México queda indiferente a tal celebración, hay estados en que estas celebraciones están más arraigadas, como Michoacán y Oaxaca.
MICHOACÁN
Las poblaciones donde se conmemoran más estas fechas son Tzintzuntzan, Janitzio y Pátzcuaro. Dentro de los rituales, invitan a comer a la gente que pasa por la casa donde se espera el retorno del ser querido.
Además de la tradicional velada de los fieles difuntos, también hay eventos culturales con muestras artesanales y gastronómicas.
OAXACA
En esta reunión con los que ya murieron, la ciudad de Oaxaca se prepara en cada uno de los panteones con actividades que se pueden compartir. Es una ceremonia popular que invoca a los difuntos a visitar a sus parientes en el mundo terrenal y procura agasajarlos, organizándoles fiestas en su honor.
LOS ALTARES DE MUERTOS
Elemento fundamental de estas fiestas es el Altar de Muertos, ofrenda que se hace en honor a los fallecidos, que vendrán a visitar a sus familiares ese día. Los altares se instalan ya sea en la casa de la familia o en los panteones, sobre las tumbas.
Su representación ha cambiado a través del tiempo. Se han incluido elementos que no pertenecen a las culturas mesoamericanas, como imágenes católicas tales como rosarios y crucifijos.
El altar de muertos varía según la idiosincrasia y los elementos disponibles de la región.
ALTARES DE SIETE NIVELES
Es el más convencional, consta de 7 escalones que representan los siete niveles que debe atravesar el alma para poder llegar al descanso o paz espiritual.
El séptimo nivel queda a la altura del piso, sobre él se pone el segundo que es más pequeño y así sucesivamente.
Cada escalón se forra con lienzos blancos o negros, y tiene un significado diferente; es por eso que llevan distintos objetos.
PRIMER ESCALÓN: Foto del santo de devoción.
SEGUNDO ESCALÓN: Ánimas del purgatorio.
TERCER ESCALÓN: Se derrama sal para las almas de los niños.
CUARTO ESCALÓN: Se coloca el “pan de muerto”.
QUINTO ESCALÓN: Comida que le gustaba al difunto.
SEXTO ESCALÓN: Foto del difunto al que se le dedica el altar.
SÉPTIMO ESCALÓN: En el centro se coloca una cruz de un rosario hecho de tejocote y de limas.
ELEMENTOS BÁSICOS:
• Cadenas de papel morado y amarillo. Representan la dualidad entre la vida y la muerte.
• Papel picado. Representan el viento, por su maleabilidad.
• Velas. La guía para el alma, la luz en su camino de vuelta al mundo de los muertos. Se colocan cuatro cirios para representar una cruz y los cuatro puntos cardinales.
• Maíz. Representación de la tierra, que se relaciona con el principio de la ideología cristiana “polvo eres, y en polvo te convertirás”.
• Calaveras de azúcar. Son alusiones a la muerte. El posible origen de las calaveritas puede relacionarse con el tzompantli, una hilera de cráneos de guerreros sacrificados colocados en un palo.
• Agua. Para calmar la sed del espíritu.
• Comida. Debe ser del agrado del fallecido. Se deben incluir diferentes frutos de temporada como la calabaza, el tejocote, jícama y naranja.
• Objetos personales del difunto. Lo que le haya gustado o se relacionen con su vida
• Arco. Simboliza la puerta de entrada al mundo de los muertos.
• Olla de barro con hierbas aromáticas. Para la purificación del alma. Otra versión dice que la infusión de estas hierbas producirá un olor que guiará a las almas a la tierra.
• Flor de cempasúchil. Su color representa la luz del sol, al ponerla en forma de camino, guían las almas de los muertos.
Ya que se coloca el altar, nadie puede tocarlo. Los invitados son los difuntos y son los que inician el convite, una vez satisfechos retornan al inframundo. Después de ellos, puede ser probado por los vivos.







