Por Luz Elena Cruz
Desde muy pequeño, Pedro I de Rusia o Pedro el Grande dio muestras de ser vivaz, inteligente y siempre buscando cosas nuevas. Cuando ascendió al trono, siguió con el mismo espíritu innovador, tratando de cambiar lo que hasta entonces había sido la Rusia tradicional.
Después de viajar por Europa, el zar Pedro el Grande quiso hacer de su país una gran potencia marítima haciendo una ventana a Europa y cambiando de lugar la capital rusa ubicada en Moscú; fue así que nació San Petersburgo, no tan rusa como muchos esperaban y no del todo europea, pero sí una ciudad única, de dos mundos.
Fue construida en más de cien islas en la costa del mar Báltico, unidas por canales y puentes arqueados, muy parecida a Venecia (Goethe la llamó la Venecia del Norte), pero también similar a París y con algunos otros detalles que nos recuerdan a las grandes capitales europeas. Un buen ejemplo es la Catedral de Nuestra Señora de Kazán, de estilo barroco y neoclásico, siguiendo el modelo de la Basílica de San Pedro.
San Petersburgo sorprende por estar perfectamente bien planificado, con palacios y agujas doradas, avenidas amplias, fortalezas e iglesias llenas de color, como la del Salvador Sobre la Sangre Derramada a orillas del canal Griboyédova, construida en donde fue asesinado el zar Alejandro II. Esta edificación se hizo muy al estilo ruso, con cinco cúpulas chapadas en cobre y esmalte de colores, que tienen gran similitud con las de la Catedral de San Basilio en Moscú.
Es fácil imaginar la vida de la familia Romanov al conocer estos grandes y ostentosos edificios llenos de tesoros que han asombrado a quien lo visita, como el Museo del Hermitage, complejo formado por seis edificios, de los cuales destaca el Palacio de Invierno que en algún tiempo fue la residencia oficial de los zares. Habrá que reconocer que la emperatriz Catalina la Grande (segunda esposa del zar Pedro el Grande) fue la que inició lo que actualmente es uno de los museos con más antiguedades y de mayor pinacoteca en el mundo, ya que cuando se fue a vivir a este lugar, una de sus prioridades fue decorar el palacio con todo tipo de obras de arte provenientes de Europa.
Otros lugares para conocer es el edificio del Estado Mayor, las catedrales de San Issac y de San Pedro y San Pablo. Es un placer caminar por la Avenida Nevsky donde encontrarán muchas sorpresas, y no deben perderse la oportunidad de asistir a una ópera o ballet, porque entre sus muchas virtudes, San Petersburgo es el centro de la cultura y el arte en Rusia.
San Petersburgo ha cambiado de nombre en varias ocasiones. En 1914 se le llamó Petrogrado y en 1924 era Leningrado, hasta que en 1991 volvió a su nombre original, tal como en un inicio decidió su fundador, ese hombre visionario llamado Pedro el Grande.







