Parece que desde entonces no ha cambiado; sus edificios, plazas y puentes hablan de una época de esplendor en pleno siglo XVI. El arte surge en cada rincón de la ciudad y nos descubren los inicios del Renacimiento con las grandes obras que dejaron sus exponentes más reconocidos. Esa es sólo una de las virtudes de Florencia. Razones para visitarla, sobran.
LA GALERÍA DE LOS UFFIZI (GALLERIA DEGLI UFFIZI)
La mayor colección de arte renacentista italiano del mundo se encuentra en este museo que se cataloga entre los más visitados. Nació con un origen diferente, Cosimo I de Medici lo mandó construir para que fueran las oficinas (uffizi es la forma en que se decía oficinas en italiano) administrativas y judiciarias de Florencia.
La arquitectura del edificio muestra la bonanza de una época y en su interior la riqueza es enorme, ya que alberga parte de la colección de arte de la familia Médicis, que ha sido enriquecida en el transcurso del tiempo con extraordinarias colecciones de escultura y pintura.
La colección está distribuida en dos pisos, el reto es elegir la sala para apreciar con toda calma obras maestras de Filippo Lippi, Botticelli, Mantegna, Correggio, Leonardo, Raffaello, Miguel Ángel, Caravaggio y Tiziano por solo nombrar algunos.
LA GALERÍA DE LA ACADEMIA (GALLERIA DELL´ACCADEMIA)
Esta es otro lugar imperdible, sobre todo si quieren conocer la auténtica escultura del David de Miguel Ángel y las cuatro estatuas semi esculpidas de los esclavos destinadas a la tumba del papa Julio II. Originalmente el David estaba destinado para adornar el exterior de la Ópera del Duomo de la catedral de Santa María del Fiore de Florencia y en un tiempo estuvo expuesta en la Piazza della Signoria.
También hay pinturas del siglo XIII al XVIII, como la Madonna del Mare (la Virgen del Mar) atribuida a Sandro Botticelli o Filippino Lippi, así como una sala con instrumentos musicales antiguos, con un Stradivarius como atracción principal.
DUOMO DE FLORENCIA
La imagen que tenemos de Florencia es la de su gran Duomo, como se le conoce a la Catedral de Florencia, con su enorme cúpula y el Campanile, diseñado por Giotto y terminado por Andrea Pisano.
La Catedral de Santa María del Fiore es una de las más grandes de la cristiandad, no en vano fue encargada en el año 1296 a Arnolfo di Cambio con la consigna de construir «el edificio más elevado y suntuoso que la invención humana podría idear» en el sitio de la antigua iglesia de Santa Reparata. Sin embargo, la cúpula de Filippo Brunelleschi es la que destaca, ya que pocas cúpulas la pueden igualar hasta hoy en día. La cúpula fue una ingeniosa hazaña de ingeniería, implementando novedosos métodos de construcción, incluso la mayoría de las cúpulas europeas se han edificado siguiendo estas técnicas, entre ellas la de San Pedro en Roma.
La decoración interior de la cúpula estuvo a cargo de Giorgio Vasari y Federico Zuccari, quienes pintaron diferentes escenas del Juicio Final. Si tienen una buena condición física y quieren una extraordinaria vista de la ciudad, vale la pena el esfuerzo de subir 463 escalones.
NOTA. No puede entrar al Duomo con vestidos sin mangas o con pantalones cortos.
PONTE VECCHIO
Seguramente han sabido de los múltiples candados que durante mucho tiempo eran colocados en el Ponte Vecchio como símbolo de amor, y aunque las autoridades los quitan por temor a que se dañe la estructura, el Ponte Vecchio tiene historias más interesantes que contar.
Atravesando el río Arno en su parte más estrecha, el puente fue construido en madera en el año 972, pero como fue arrasado por una inundación, fue reconstruido en piedra en 1345. Las tiendas de joyería que hoy se encuentran, en un tiempo fueron carnicerías.
¿QUÉ MÁS VER?
Florencia tiene todo el carisma para dedicarle varios días, principalmente a los que les gusta el arte. Si no son tan afectos a eso, la ciudad tiene para visitar infinidad de lugares como la Basílica de San Miniato del Monte, la de Santa María Novella y la de Santa Croce; la Plaza de la Signoria y los puentes de Santa Trinita y alle Grazie.
¡Disfruten su viaje! Y no dejen de depositar su moneda en la ‘Fontana del Porcellino’, para que aseguren su regreso a esa hermosa ciudad.







