Por Diego Ontañón
En las afueras de la ciudad de Siem Reap, en el norte de Camboya, se levanta Angkor Wat, un complejo arqueológico colosal que reinó durante 600 años y que fue el epicentro del poderoso imperio Jemer que dominó los actuales territorios de Camboya, Laos, Tailandia, Vietnam, parte de Birmania y de Malasia entre los siglos IX y XV.
Después de avanzar por una enorme explanada de piedra que se convierte en escalinata y luego en puente sobre un lago de 200 metros de ancho y entonces sí, aparece la majestuosa silueta del templo central, de más de 1000 metros de frente y cinco torres que se refleja en el agua.
Angkor Wat es la mayor estructura religiosa jamás construida y llegó a albergar veinte mil personas. Los bajorrelieves en excelente estado de conservación permiten imaginar las danzas, batallas y la consagración al dios Vishnu. De las cinco torres en forma de loto, la central alcanza los 65 metros y, subiendo a la cúspide, se tiene una vista espectacular del ingreso, el lago y la selva.
Ta Prohm, donde naturaleza y piedra luchan una batalla desigual, fue el escenario de la película Tom Raider. Allí vivieron doce mil monjes, y hoy enormes árboles han abrazado paredes, puertas y torres con sus raíces.
Otro sitio imperdible de este colosal complejo es Angkor Thom, la ciudad real amurallada construida en el siglo XII. El puente de ingreso está custodiado por dos hileras de enormes cabezas a ambos lados que representan los dioses y demonios. Dentro está Bayon, un enigmático templo con 54 torres que tienen esculpida la cara de Buda en cada uno de sus cuatro lados, lo que suman más de 200 rostros de Buda.
Pero para cerrar una visita con broche de oro en Angkor Wat, es imprescindible regresar en la madrugada antes de que salga el sol para disfrutar uno de los amaneceres más bonitos y mágicos que he visto en mi vida, de verdad que es un gran regalo de la madre naturaleza.
También sugiero contratar un Tuk Tuk que nos lleve hasta Artisans d´Angkor, una cooperativa que da trabajo a 1200 mujeres. La visita permite entender cómo el gusano de seda se convierte en sofisticadas piezas textiles. Cuando se hace capullo y envuelve en su delicado hilo, las mujeres lo devanan, decoloran, tiñen y en el telar lo transforman en metros de seda, que más tarde serán vestidos, chalinas y carteras. Ya de vuelta al hotel en el tuk tuk, una última mirada a los campos de loto que con la luz del atardecer que nos dejará una imagen para recordar siempre de Siem Reap, esta pequeña ciudad camboyana interesante como la propia Angkor Wat.
Hay hoteles para todos los gustos y presupuestos desde el lujo más sofisticado hasta pequeños y económicos Bed & Breakfast y por favor, no dejar de probar la deliciosa comida regional con una buena cerveza local.
Vaya que Angkor Wat si es un lugar con muuuuucho encanto!!!







