Por Diego Ontañón
Enclavado en el margen izquierdo de la desembocadura del río Guadalquivir y frente a al Coto de Doñana, se encuentra este hermoso en intenso rincón de Andalucía… Sanlúcar de Barrameda.
El origen del primer asentamiento en Sanlúcar viene auspiciado por la construcción de un templo fenicio dedicado a Astarté. La ciudad de aire señorial -declarada Conjunto Histórico- posee una estructura urbana que se caracteriza por estar dividida en dos grandes núcleos: el Barrio Alto y el Barrio Bajo. El Barrio Alto es el núcleo histórico y monumental, de angostas calles, blancas fachadas y aristocráticos palacios como el Palacio de Orleáns y Borbón (junto a la Basílica de Nuestra Señora de la Caridad) o el renacentista Palacio Ducal de Medina Sidonia. En las cercanías sitúa el Arquillo o Puerta de Rota, restos de la muralla medieval, el Castillo de Santiago (s. XV) el Convento de las Descalzas y la Iglesia de Nuestra Señora de la O. Bajando por la Cuesta Belén hacia el Barrio Bajo, se sitúan el Auditorio de la Merced y las Covachas del s. XV – la mejor muestra del gótico en la ciudad- que decoran una de las fachadas del Palacio Ducal. A la Plaza de San Roque se traslada el gran ambiente del mercado de abastos, lleno de colorido y tipismo, con vendedores que pregonan sus productos a voz en grito. Camino de la Iglesia de Santo Domingo (s. XVI) se enclavan la Iglesia de San Jorge y el Convento de Regina Coeli. En la dirección contraria están la Iglesia del Carmen y el Convento de Capuchinos.
Si de comer se trata en Sanlúcar hay que ir de “tapas” y nada mejor que la Plaza Cabildo o Bajo de Guía, el barrio de pescadores inundado de restaurantes en los que probar los famosos langostinos, pescaítos y guisos marineros. De su pantalán sale el Buque “Real Fernando”, que realiza la travesía por el río hasta su desembocadura para conocer el Coto de Doñana que es una de las pocas reservas de la biósfera. El litoral de Sanlúcar cuenta con 6 km. de playas, siendo las más representativas la playa de Bajo de Guía, la de la Calzada, de las Piletas, playa de la Jara y, ya en la orilla del Parque Nacional de Doñana, la Playa del Coto también denominada por los sanluqueños ‘la otra banda’. En Doñana se enclavan también los parajes naturales sanluqueños de los Pinares de la Algaida, las Marismas y las Salinas de Bonanza. En sus playas tienen lugar las famosas Carreras de Caballos únicas en el mundo (Interés Turístico Internacional), auspiciadas en sus orígenes por la aristocracia y la burguesía sanluqueña del siglo XIX, deseosa de incentivar la vida social de la villa durante la temporada estival.
Tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, Sanlúcar se convierte en un puerto de referencia, partiendo Cristóbal Colón en su tercer viaje y Magallanes y Juan Sebastián Elcano en la primera vuelta al mundo. El mayor apogeo económico de su historia vendrá gracias al fomento de la actividad comercial entre América y el Puerto de Sevilla, auspiciada por los Duques de Medina Sidonia. La llegada de los Duques de Montpensier, unido a las empresas bodegueras propiciaron un nuevo renacimiento económico y cultural en el s. XIX. Y hablando de estas últimas, el genuino microclima de la ciudad es fundamental para la crianza de la manzanilla -su caldo más representativo- que pertenece a la Denominación de Origen Jerez-Xeres-Sherry. Es un vino seco apropiado para aperitivos, de un bello color dorado, que se cría en barriles de roble blanco en las bodegas del casco urbano, las llamadas “catedrales del vino”. Están integradas a la perfección en la estructura urbanística de Sanlúcar concentrándose en su Barrio Alto, en el que se ubica el Museo Barbadillo de la Manzanilla.
Mi hotel consentido, aunque austero es el “Barrameda”, y para comer, siempre termino en “Casa Bigote” donde no perdono los langostinos y las deliciosas “coquinas” con un vinito Barbadillo bien frío.







