Por Diego Ontañón
A dos horas al norte de Los Ángeles, Solvang es uno de esos lugares que uno no se imagina cuánto encanto puede tener hasta que llega allí y disfruta de todos ellos.
Solvang es un pequeño pueblo de apenas unos 5,000 habitantes que fue fundado en el año 1911 por tres maestros daneses que venían huyendo de los fríos inviernos de la Costa Oeste, y es así que este precioso pueblo tiene las mismas características que un pueblo danés, pero situado en el Valle Santa Ynez, en California. En un principio, no se construyeron los edificios al estilo de su tierra natal, pero más tarde, después de la Segunda Guerra Mundial, se les ocurrió crear lo que actualmente se puede ver, un pueblo danés en California.
Solvang significa campos soleados en danés, exactamente lo que aquellas personas vinieron a buscar en esta zona y ha sido en los últimos tiempos que Solvang ha aumentado su estilo danés para convertirse en una gran atracción turística, y nada menos que un millón de turistas se animan a visitarlo cada año. Así que, si decides visitar este bonito pueblo, no solo encontrarás sus típicas casas, si no que verás también, molinos de viento, restaurantes, panaderías y tiendas muy cuidadas hasta el mínimo detalle y por momentos te sentirás en Dinamarca.
Yo recomiendo empezar el día con el típico desayuno americano en el “Solvang Restaurant” y terminar con unos aebleskivers, que son como unos buñuelos espolvoreados con azúcar rellenos de mermelada de frambuesa y después, comenzar a recorrer el pueblo sin prisa disfrutando de cada esquina, la verdad es que es bastante pequeño y se puede ver muy bien en un día, aunque yo sugiero quedarse al menos una noche en alguno de los encantadores hoteles de la localidad. El hotel Winston resultó una fenomenal opción y genial experiencia.
Pasear en cualquier dirección dentro de este pueblo es ideal para los peatones, pues dispone de una gran variedad de tiendas con todo tipo de artículos, como zuecos, encajes hechos a mano, ropa, porcelana, objetos de colección y muchas cosas más, además sus calles son muy bonitas.
Dentro del pueblo podemos observar 3 molinos de viento y en las afueras otros 2, también una granja de avestruces y dos museos, el Museo de Historia y Arte Elverhoj que muestra la historia y cultura de Dinamarca y el Museo Hans Christian Andersen, donde se habla de este escritor y de algunas de sus historias más famosas.
Recomiendo terminar la tarde tomando un buen café y algún delicioso pan dulce en “Mortensen´s Danish Bakery” que es una panadería muy famosa donde se puede degustar el típico roscón danés con mantequilla, los aebleskivers, que anteriormente hemos mencionado o el famoso strudel de manzana que fue mi selección y estuvo exquisito.







